sábado, 13 de febrero de 2010

Jorgeliyo De Las Asturias: Colaborador honorable de "The New Border"

Acá les dejo un pequeño cuentito de mi intimo amigo Jorgeliyo De Las Asturias...


INIMPUTABLE

No lo tenía decidido. Fue de repente como todo lo verdaderamente interesante en esta vida. Pero ese día, el del último viaje, fue distinto de los demás.
Aunque algunas veces lo había pensado, no se dejaba caer de la soga de la cordura. Se echaba para atrás, siguiendo esa ruta que le había tocado seguir.
Desde chico, siempre tuvo esa necesidad indescriptible, se podría decir, de “meter los dedos en el enchufe”. Más de una vez tuvo ganas de empujar alguna que otra persona a las vías o abajo de algún auto; y una vez estuvo a punto de empujar a su propia abuela de las escaleras; la abrazó por detrás pero justo llegó su madre y todo quedó en un tierno abrazo.
Las veces que se le cruzaban esas cosas solo reía imaginándose la escena, que dentro de su mente era mucho más absurda que si la hubiese llevado a cabo. Sabía muy bien que ponía en juego la vida de otros, pero eso no era lo que realmente lo frenaba, si no esa especie de euforia miedosa -que a veces llega mucho más lejos que una euforia valiente-, recargada de ese cinismo que nos hace sentir que estamos vivos dentro y fuera de la nada y por ende que estamos muertos, también, dentro y fuera de ella.
Pero bueno, treintiseis años dentro de ese cuerpo; y dentro del cuerpo, ese software, que era él mismo y que había notado tan de golpe sin saber que hacer, tan cargado al azar de todo lo que le había sucedido en la vida y todo lo que no, con sus relaciones humanas, sus represiones, sus recuerdos, los que recordaba a menudo y los que prefería no recordar, también a menudo, no hacen nada fácil la sutil tarea de desatarse ese nudo que las fauces del mundo, día a día, se encargan de apretar prohibiéndonos escapar a chupar y a morder, por tiempo indeterminado, los pezones de la nada.
Ese día, justo ese día, fue distinto a los demás. Él nunca supo que fue distinto, y si lo supo, tampoco importa demasiado. Fue un momento, él momento, que sintió el peso, todo de golpe, que lo obligó a cerrar los ojos y a dejarse llevar. Quiso sonreír pero la seriedad del momento le mostró, por primera vez en su vida, los infinitos ardores del universo.
Dicen, que cuando uno muere, ve la vida proyectada como un film, en un segundo. Yo, no puedo dar certeza de eso, su vida era de esas películas que uno no cometería el error de ver otra vez, ni aunque esta fuera la última vez.
Quizás, los del noticiero no hayan sido tan…, se podría decir, drásticos. Pero yo doy fe que fue en realidad así, y en lo posible, que quede entre nosotros. Yo, por mi parte, no lo culpo.
Su mujer, simplemente, al ver a su lado el cuerpo inerte de él, se amarró de su brazo gritando muy en vano su nombre; los chicos, pobres chicos, no tuvieron el tiempo suficiente para ni siquiera intentar comprender lo que no se puede; y el auto… el auto importa bastante menos que ellos.

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