Sepan apreciar el propósito del mismo que quizás les venga muy bien en sus asociaciones diarias, esas que llevan a cabo por mera justificación de su caótica e inevitable existencia...
Saluda atentamente The New Border.
LA PIÑA Y EL FRASCO
O LA ABSURDA CARRERA CONTRA EL TIEMPO
A fuerza de tensión e inconciencia humana, terminó el año y ya van casi tres meses de este, del que hace casi tres meses dejó de ser el que viene para ser este, el que acontece. Me imaginaba que con el fin de año se iría la tensión que mantiene por demás de rígido este malogrado paisaje terrestre, pero no, me equivoqué como otras veces. Solo me quedó ese sentimiento que me indica que algo oscuro se hilvana detrás de este mundo que finge, cotidianamente, ser el mejor de los mundos posibles. Desde siempre, ese constante “hacer de cuenta”, inconciente para algunos tantos tontos, conciente para unos pocos locos. Aunque a veces de inconciente a conciente hay menos de un pelo. Inconsciente para esa pareja de viejos sentados ahí, en la vereda, esperando que ocurra aquello que inevitablemente va a ocurrir; conciente para aquel que muy pocas veces se ve y se infiltra sin miedo en el campo de batalla para matar de amor todo lo que encuentra a su paso. Inconsciente para ese que aminora la marcha con su “súper-nave” nueva, recontramil lustrada, y me mira con su máscara de winner sin saber cuantas lágrimas solitarias tiene en su haber y cuantas más va a tener. Me está costando demasiado llegar. Solo si me apuro y dejo de mirar a los costados, voy a llegar con el tiempo justo. El jefe, que encima soy yo, quiere la nota para mañana, y mañana, queridos míos, no existe. Sí, no lo dudo, me retrasé bastante, pero nunca es tarde si somos los dueños del tiempo. Lo único que pido es no toparme con ese tipo funesto de avispa, esas que pretenden picarme para así detener mi marcha, quizá por esa tediosa y constante falta de diversión, o simplemente por exceso de aburrimiento; y si me toca esa suerte, tener el temple suficiente como para hacerles comer esos sucios aguijones de un tirón y que así estén más cerca de darse cuenta lo que es defender una causa. Aunque ¿Qué van a saber? No tienen idea lo que son las causas, solo lamentan consecuencias, estupefactas. Consecuencias que en este punto del tiempo, solo nos queda a nosotros, los verdaderos fieles, redirigir. Cada paso que hago hacia el objetivo, parece como si se alejara en vez de acercarse, debe ser por eso que la mayoría de las personas se quedan estáticas, como postes de carne, sin dar el primer paso, el único importante, ese que aunque quizá nos parezca que nos aleja del objetivo, nos hace sentir bien adentro la mirada ciega de la muerte, que nos espera toda la vida para dar el último golpe y completarla. Solo quedan diez cuadras, o eso creo. Trato de ser cordial a las miradas, no se hasta que punto pueden afectar mi coraza y a eso que tanto anhelo y cuido. Diez cuadras o más y si todo va bien podré meter la piña en el frasco y hacer de eso, eso y nada más que eso, y es que es eso todo lo que debo hacer, si es que en realidad hay que hacer algo. Solo está en mí y en mi fortaleza, que al fin y al cabo son lo mismo, una sola cosa, el hecho que descubran la piña que llevo adentro, en mi cerebro. Ellos, solos, no se dan cuenta. Tengo muy en claro que son la pólvora del rifle, el cuchillo idiota, la risa enferma del trono pero nada más que eso. Sus piñas no están sanas, están cubiertas de esa grasa inmunda de valla a saber uno el nivel de destilación. Ahora me toca cruzar la plaza. En el banco de siempre: ellos y su anestesia diaria, esa que alguna vez tuve el desagradable agrado de utilizar. Exentos de nada y de todo, de la verdad y la mentira. Eso: EXENTOS. Los saludo. Todavía tengo algunos afectos entre ese montón de huesos. El problema no es si son buena o mala gente, el problema es que son gente, y “la gente” es todo ese mar mediocre que nos tira más al fondo y eso es lo que menos necesitamos, nosotros, los cerebros fluorescentes. Aunque me parezca que no, cada vez me falta menos, solo un poco menos. Camino cada vez más rápido, en cada casa de cada cuadra hay personas sentadas en sillones, recién bañadas, sentadas como ayer, anteayer o mañana. Ya estoy en el barrio. Campo de concentración legal, a voluntad, cuna inagotable de personalidades altamente melancólicas, de patologías nuevas y viejas, olor a tierra mojada, a almacén, y a espíritu seco. Doblo en la esquina, cada vez más seguro de mi mismo y de los demás. Cada vez más freak, cada vez más menos. Vecinos conocidos, saludo a sus miserias cordialmente y a su sentirse “buena gente”. Saludo, y detrás del gesto la sonrisa loca de la muerte les cachetea la cara volviéndolos más viejos, rígidos y rectos. Solo unos metros más y puedo abrir la puerta que nunca me espera, me saluda otro vecino y puedo ver que por detrás se le asoma su aguijón roto de miedo. Lo saludo, esta vez, haciéndole sentir su propio veneno de cerdhumano, puerco, empalagoso como siempre. Ya está, estoy frente a la puerta, tomo aire y ya estoy de el otro lado, casi a salvo, mi madre y su aguijón déspota de madre, la saludo y me apuro por llegar a la habitación que me alquiló a cambio de ser su hijo. Ahora sí estoy curado, a salvo, libre de esas avispas, aunque ellas no tanto de mí. Sobre la mesa: el frasco, limpio, hermoso, esperando eso que llene su vacío y que lo haga sentir un poco más frasco. Meto la piña adentro. Ante mí: la eternidad, el universo, el anti-tiempo. Ya estoy listo, puedo empezar con la tarea, llegó por fin el precioso momento.
Jorgeliyo De Las Asturias
(2010)
Me gusta, me gusta mucho.
ResponderEliminarPensar que dentro de ese cono se encierra vida, cada escama es un embrión, que magnifica la naturaleza y que chiquito le queda al hombre, a algunos, claro.
Saludos a los autores del blog.