
Dicen que la esclavitud no existe más... patrañas!
1/ Lunes (Después del domingo, antes del martes)
“Hoy no voy a trabajar”. Fue mi primer pensamiento apenas despegué los párpados. Aunque creo que lo venía pensando desde antes de despertarme, mientras ensoñaba.
Y mientras pienso en el origen de mi pensamiento revolucionario anti-yugo, se me vienen a la cabeza todas esas personas, conocidas o desconocidas, que no tienen ese tipo de pensamientos presentes, y que ni siquiera se les pasa por la cabeza.
Esos, los que ni siquiera articulan ese pensamiento, son los que menos sufren: tienen un montón de pensamientos-ordenes inoculados como virus dándole vueltas por sus cabezas “dichosas” de ignorancia; es más, quizás no les estén dando vueltas y estén de guardia, esperando el mínimo indicio de rebeldía para salir, asquerosamente, y hacerle sentir nuevamente al sujeto, toda esa falsa dignidad proletaria, especie de aceite lubricante para engranaje social, que los distintos organismos del estado se encargan de aplicar, cuidadosamente y en cuotas, desde la infancia hasta tiempo indeterminado.
Algunos, piensan en eso y son los que sufren verdaderamente. Tienen al virus constantemente carcomiendo su “yo puedo” para convertirlo en “no puedo” y así hacer de sus vidas una resignación constante. Unos no saben de donde viene el mal y no tienen la capacidad suficiente para darse cuenta y siguen sufriendo su “dichosa ignorancia” y los otros, se acercan a saber de donde viene la opresión pero para trascender tienen que vencer varios obstáculos. Unos, esclavos inconcientes, resignados por ignorantes; y los otros, esclavos concientes, resignados por cobardes.
Sí hermanos, así de jodido es el virus de la palabra cuando viene del lado de la autoridad.
De vez en cuando salgo por los campos a fumar un poco de esa bendita planta de cannabis, antibiótico natural para ese tipo de virus (de ahí su prohibición), y me quedo observando al peón mientras trabaja, debajo del sol, transpirado, resignado a seguir así hasta que ese cuerpo, propiedad privada del patrón, se decida dar el último respiro. En un momento de ese vil espectáculo, mientras observo libres a los pájaros, me pregunto si yo, en verdad, soy libre, estando ahí, disfrutando de mi hierba y mi “libertad”: No, no me siento tan libre sabiendo todas esa cosas que hacen que yo esté ahí y el peón a cien metros sufriendo su dichosa ignorancia. No me siento nada libre.
Muy para mi sorpresa, levantando tierra, llega el patrón (esa especie de padre grande) en su cuatro por cuatro a ver si está funcionando bien esa máquina humana que se supo conseguir por unos pocos billetes y palabras, seguramente para ver si está rindiendo lo que debe para no hacer tambalear su ostentosa vida de cerdhumano. Se baja de su nave, bañado en oro y llama a su esclavo, que está en el medio del campo, bañado en tierra que ni si quiera es de él sino del jefe.
Espectacular momento, si los hay, esos en los que se cruzan el rico y el pobre. Alto contraste económico, hacen de el campo un paisaje siniestro, silencioso; hasta los pájaros detienen sus cantos para observar si de una vez el torturado dice basta. No estoy seguro pero creo que la impotencia que siento le hace explotar el cerebro a Nietzsche otra vez en su tumba y hace a Marx rasguñar el cajón frenéticamente intentando salir y arrancarnos los ojos a los tres, al jefe por jefe, al peón por peón y a mi por no hacer nada más que pensar mientras fumo estás flores hermosas que cultivo yo mismo, sin peón contratado.
Ambos se estrechan la mano. De un lado, el patrón con su cuatro por cuatro, y del otro, el peón con su bicicleta apoyada en un árbol. Yo y los pájaros esperamos que ambos se saquen las cadenas (los dos están encadenados, no hace falta que entre en detalles), que salgan de debajo de la tierra y que de una vez por todas pasen a formar parte de lo maravilloso de este mundo, haciendo a toda esa poca maravilla un poco más grande, un poco más visible, un poco más honda en el culo del sistema, un poco más llaga en el poder de turno.
Bueno, creo que ya saben como terminan estas cosas, sino no estaría pensando en esto.
¿Saben que? Tengo una idea, si para de llover un poco, me voy a ir al campo a fumar un poco, para a ver junto a los pájaros si en una de esas algunos presos se liberan, sabiendo de antemano, muy a mi pesar, que no va a suceder. Pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde. (Dicen)
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